jueves, 12 de julio de 2012

Tetralogía Silvio Rodríguez


Mujer Sin Sombrero

Si un funcionario y un poetaamaran la misma mujer
que nueva implicación
tendría la guerra astuta que padecen,
y en fin, dónde se posaría
la victoria del amor.

El funcionario con funciones,
el poeta cambiando de voz,
los dos haciéndose pedazos



contra el temible amor.
Si les pregunto a los presentes
a cual de los dos le van:
los despeinados al poeta
y los peinados al suicidio,
y sólo yo le apuesto todo
a la mujer.


Hicimos el amor en la ventana
y el vecino de enfrente se quejó.
Eso no lo sabias, no lo dije,
que ventana mejor se humedeció.

No llegué a ir al mar pero fui al pueblo
y en lugar donde iba su voz.
Siempre se hizo silencio un gran silencio
nadie ocupo tus sillas tu canción.
Hay que salvar esos recuerdos
de todo lo que fue ruin
hay que salvar esos recuerdos
para salvarte a ti.

Hay un amor que da lo diario
que te va a comprender
y otro que canta y eterniza
que te hace trascender.

Cada cual da lo que tiene
unos dan necesidad
y otros regalan las palabras
veremos que dura más.

Hay el amor omnipotente,
hay el amor desesperado,
que descorazona las piedras,
que es más semilla que semilla,
que es más arado que el arado.

Hay el amor de amor, de amor,
hay el amor como una tumba,
hay el amor de laberintos,
más complicados que un sombrero.
Hay el amor cercano a Cristo.

Mi amor no ha sido tan tremendo,
ni tan alto, ni tan bello, ni tan triste, ni tan sabio
ni tan solo, ni tan loco, ni tan todo, ni tan nada,
pero canta...




Dibujo De Mujer Con sombrero


Yo no vine aquí, viniste tú.
Yo no te esperaba y te besé.
Se supone que debo callar.
Se supone que debo seguir.
Se supone que no debo protestar.
Se supone que eres un regalo
que se me rompió enseguida
y ahora, nada: lo de siempre.
Se supone que eres el sombrero
de una fiesta, de esos de cartón,
para la ocasión.

Oh, mujer:
si supieras lo breve que entraba la luz
en la casa de un niño, en un alto edificio,
y que era la hora esperada del día,
no me hubieras tocado en el hombro una vez.

Oh, mujer:
si supieras lo breve que entraba esa luz
en una casa que se llamaba la noche,
en una casa en la que no había más puerta
que la de la razón de aquel niño sin fe.

Ahora se supone y nada más.
Yo también quisiera suponer
que la cobardía no existió,
que es un viejo cuento de dormir.
Pero quedo yo, en medio de mí,
en medio de las mismas paredes,
sonriendo a los amigos,
yendo allá, desayunando.

Pero quedo yo aquí,
aplaudiendo una vez más
a los fantasmas de las tres.

Oh, mujer:
ojalá que contigo se acabe el amor.
Ojalá hayas matado mi última hambre,
que el ridículo acaba, implacable, conmigo
y yo, de perro fiel, lo transformo en canción.

Oh, mujer:
no te culpes, la culpa es un juego de azar.
Nadie sabe lo malo que puede ser riendo
ni lo cruel que pudiera salir un regalo.

No te asustes del día que va a terminar.
No te asusten los puentes que caigan al mar.
No te asustes de mi carcajada final.





Oleo De Mujer Con Sombrero


Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura
debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.

Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura
que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias,
se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota
y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.

Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno,
me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.




Detalle De Mujer Con Sombrero


Nací cuando las nebulosas
aún eran polvo cósmico en loca presión
cuando ni el bisabuelo de este universo
había conocido la luz.
Nací mucho antes
y aún soy lo mismo que fui.


Lenguas de fuego, estrellas remotas
cuerpos volando y buscando la vida
breves tormentas de millones de años
ojos en cielo azul.
Qué joven soy,
qué me dará la vida,
qué me dará el amor.



Me hice universo, galaxia, planeta
en mi lomo crecieron animales y selvas
y la inteligencia fue haciéndose rienda
para mi nerviosa emoción.
Nací mucho antes
y aún soy lo mismo que fui.

Un semimono, cazador de venados
pirámides, tumbas de arena del hombre
dioses y héroes, imperios caídos
guerras de la religión.

Pero, qué joven soy...

Me brotaron colonias, más tarde repúblicas
y países enormes en revolución
nació quien me puso nombre y apellido
y profetas con pie de león.
Nací mucho antes
y aún soy lo mismo que fui.

Sueños armados, ideas preciosas
mil enemigo con banderas atómicas
elementales y viejas miserias
y el corazón de un fusil.

Pero, qué joven soy...

Aún me paseo robándole al aire
cualquier esperanza que ablande mis guerras.
Soy enemigo de mí y soy amigo
de lo que he soñado que soy.

Nací mucho antes
y aún soy lo mismo que fui.

Un embutido de ángel y bestia,
la democracia y el templo hermanados,
hombres, mujeres, niños y viejos

y algo para una mujer.

Pero, qué joven soy...

Cuando me beses, cuando me acaricies,
vas a sangrar, vas a iluminarte,
mi anatomía de espuma y granada
hiere y canta por mí.
Es que nací mucho antes
y aún soy lo mismo que fui.

Cuando me dejes, cuando me rechaces,
estarás destruyendo, negando a mis padres,
a todos mis hijos, a lo que me hizo
y a lo que yo vine a hacer.

Pero, qué joven soy...

1 comentario:

Jorge Ampuero dijo...

Certeros y degustables versos.
Nos leemos.

Saludos ;)